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La Iglesia

 
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En la parte baja de la colina donde yace la villa de Arbeca, se levanta el templo parroquial de Sant Jaume el Major, rodeado de estrechas y silenciosas calles, de plazas porticadas y de casas construidas con piedras ennoblecidas con el paso de los años.
Su historia empieza el año de su consagración, el 1686. Pero es necesario fijarnos, brevemente, en su prehistoria para tener una idea más esmerada.
En la mayor parte de lo que a día de hoy ocupa la iglesia, se construyó, en el siglo XIV, la iglesia de Santa Lucía, Virgen y Mártir. Posiblemente era de estilo gótico, tal y como lo eran las iglesias de aquella época en nuestras tierras. Este edificio fue duramente castigado por los estragos de la Guerra de los Segadores (1940-1954) como también lo fue toda la población, hasta el punto que la gente tuvo que emigrar hacia los pueblos vecinos para la instrucción de sus hogares.
En terminar la guerra se proyectó una nueva iglesia lo suficientemente importante y espaciosa para poder ejercer de templo parroquial, ya que hasta aquel momento el que ejercía esta función era el que estaba situado en el castillo, con el título de San Jaime.
Por lo tanto, era necesario hacer un templo de grandes proporciones, para poder atender a las posibilidades de crecimiento demográfico que ya se empezaba a percibir cuando volvió la normalidad después de 30 años de guerra.
De acuerdo con el proyecto del arquitecto Jaume Millás, de Barcelona, la obra se empezó el 3 de octubre de 1683. Al acto solemne de colocación de la primera piedra asistió toda la población. El párroco de la parroquia y mayor impulsor de la obra era Mosén Joan Valls. El alcalde era el Sr. Joan Palau, y los jurados, los Srs. Pere Albareda, Isidre Queral y Joan Ballester.
Después de tres años de intenso trabajo tuvo lugar su consagración, y se puso al servicio del culto el año 1686. La obra, sin embargo, se fue construyendo y perfeccionando a lo largo de los años.
La iglesia se enriqueció con obras artísticas procedentes de la iglesia que había en el interior del recinto del castillo, de la iglesia de San Juan, extramuros de la villa (destruida a principios de la Guerra Carlina) y de la iglesia base de Santa Lucía.
Toda la antigua riqueza artística del paramento interior fue destruida al principio de la Guerra Civil el año 1936.
La ornamentación actual se ha ido realizando a lo largo de los últimos 50 años. De los 10 altares dedicados al culto, cinco de ellos han sido sufragados por cinco familias de la villa y, toda la otra totalidad de la obra interior, con las aportaciones de todo el pueblo y con la ferviente y entusiasta gestión de los rectores que han llevado la parroquia la segunda mitad del siglo XX.
En el interior destaca el retablo del Altar Mayor que preside la escultura de San Jaime, rodeada por cuatro bajorrelieves que representan acciones alusivas a aquello que la historia y la tradición relatan del apóstol. Es una obra del escultor Jaume Perelló, así como lo son los frescos pintados en la cúpula del presbiterio.
El templo está construido en forma de cruz. En el fondo del brazo horizontal de la parte derecha se encuentra el altar de la Madre de Dios del Rosario, de antigua y arraigada tradición en la Villa de Arbeca que ya tenía altar y Cofradía en la Edad Media con el establecimiento de la iglesia parroquial que había en el castillo.
Al fondo del brazo de la parte izquierda se encuentra el altar y el camarín del San Cristo donde se venera la gloriosa imagen del San Cristo, muy reverenciada por todas las generaciones de la población y aureolada de antiguas y gentiles tradiciones.
A su lado está la capilla del Santísimo Sacramento, recogida y pulcra, grácil, sencilla y acogedora.
El año 1986, cuando se cumplió el tercer centenario de su consagración, se hicieron importantes obras de remodelación e iluminación, como la escultura cortada en piedra que preside la fachada principal, encima del pórtico. Es una versión moderna de la anterior y antigua imagen de la Madre de Dios del Patrocinio, una piadosa invocación mariana extendida por todos los dominios de la casa de Cardona a partir del siglo XV.
Con las recientes remodelaciones de las fachadas laterales (la del conocido como "Fortí" y la de "el Roser"), queda en conjunto un templo majestuoso, de armónicas proporciones: 40 metros de largo, 42 de ancho y 19 de alto.
También deberíamos resaltar su luminosidad y, especialmente, la sobria elegancia de sus formas arquitectónicas.
El campanario actual es una construcción de hace poco más de cien años, probablemente construido alrededor del antiguo campanario de Santa Lucía, del cual se aprovechó la escalinata interior de notable belleza y proporción.
Debemos destacar el interés artístico de los restos de las esculturas provenientes de las antiguas iglesias de Santa Lucía y del castillo, las cuales se guardan en dependencias de la parroquia.
   
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